La salida de Pablo Martínez y la nefasta gestión del Dépor

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Pablo Martínez no seguirá en el Dépor la próxima temporada.

El defensa francés, que llegó al club en el verano de 2022 procedente del Nîmes Olympique FC, ha disputado un total de 94 partidos oficiales con la camiseta blanquiazul, en los que ha marcado 4 goles, convirtiéndose en uno de los jugadores más carismáticos y queridos por la afición deportivista. 

Durante su etapa en A Coruña, uno de los actuales capitanes ha demostrado un compromiso y una entrega ejemplares, tanto dentro como fuera del terreno de juego.

Pablo Martínez tiene previsto ofrecer una rueda de prensa esta semana en Abegondo.

¡Gracias capitán!

Con este escueto comunicado a través de su página web, el Deportivo de La Coruña anunciaba el adiós de uno de sus capitanes, Pablo Martínez. La marcha del francés deja un saber amargo, no sólo por lo que representa su salida después de tres años de entrega y profesionalidad, sino por las formas – o más bien, la falta de ellas – que el club ha elegido para cerrar este capítulo.

Pablo Martínez condenado al ostracismo por una cláusula

Durante las últimas jornadas de la temporada 2024/2025, en la que el equipo ya había asegurado la permanencia en la categoría de plata del fútbol español y tenía matemáticamente imposible alcanzar los puestos de playoffs, hemos visto a un Pablo relegado al banquillo. El central, titularísimo durante la temporada pasada y con un rol importante en esta, pasó de ser imprescindible en el flanco izquierdo de la defensa a ser completamente invisible.

Y todo esto, no por falta de rendimiento – que eso es otro debate, ya que no ha sido una temporada demasiado regular para él -, no por lesión, sino por una cláusula: si disputaba un número determinado de partidos, su contrato era renovado de forma automática por una temporada más.

Y el Dépor, de forma unilateral, decidió que ese contrato no debía renovarse. No comunicó de forma pública sus intenciones, sino simplemente apartó al jugador, dejándolo fuera de los once que pisaban el verde semana tras semana.

La ética en el mundo del fútbol

Esta gestión deja muchas preguntas. ¿Es esta la forma en tratar a un profesional que siempre dio la cara? ¿Qué mensaje se lanza al vestuario y a la afición cuando se priorizan los números por encima del respeto? ¿Ha de tratarse así a uno de los veinticinco jugadores que nos sacó del barro después de cuatro dolorosos años? No se trata de una cuestión de dinero, en mi opinión, es una cuestión de principios.

Nadie discute que el club tiene todo el derecho a tomar decisiones deportivas y contractuales, pero la manera en que se toman este tipo de decisiones dice mucho de una institución. Y aquí, en este caso concreto, el silencio ha llamado mucho más la atención que si se hubiera comunicado en su momento.

Pablo abandona la que ha sido su casa durante los últimos tres años con una despedida fría sobre el césped de Riazor, después de un último espectáculo bochornoso de un Dépor que ha perdido toda ambición en este final de temporada. Se va como tantos otros jugadores que, en mayor o menor medida, han dejado huella, pero con un feo gesto en lugar de la gratitud y el respeto que distingue a los grandes clubes de otros menos grandes.

Ojalá Pablo encuentre un proyecto profesional donde sea valorado como se merece y como se ha ganado con su trayectoria futbolística. Y ojalá el Deportivo, en su camino de regreso al más alto escalafón del fútbol español, entienda que el respeto no debe negociarse y que se debe cuidar a aquellos que inspiran al valor más importante de una entidad deportiva como el Dépor: su afición.

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